Filosofía de trabajo
La osteopatía es una de las terapias alternativas con mayor reconocimiento actualmente. En España se realizan cursos universitarios especializados para diplomados en Fisioterapia, enfermeros y médicos que desean ampliar sus conocimientos. Sin embargo, pese al reconocimiento oficial, la osteopatía es una disciplina que reúne las características esenciales de las llamadas terapias naturales o complementarias: es amable con el paciente y concede un lugar fundamental al poder autocurativo del cuerpo.
Los osteópatas utilizan la palabra “disfunción” para referirse a este tipo de problemas. Un ejemplo es la articulación que no puede realizar todos los movimientos que le son propios en toda su amplitud, debido a una rigidez adquirida tiempo atrás.
Las situaciones estresantes, ya sean de tipo físico o emocional, pueden alterar el equilibrio de los sistemas nervioso y muscoloesquelético, que reaccionan con tensiones, molestias e inhibición de los movimientos naturales. El conocimiento de la influencia del sistema nervioso sobre la salud de los órganos internos ha aumentado gracias a investigaciones recientes. Éstas han demostrado que los nervios no sólo transmiten mensajes al cerebro, sino que tienen una función nutritiva: transportan proteínas y ácidos grasos, cuya deficiencia o exceso pueden tener relación con el desarrollo de muchas enfermedades.
En el tratamiento también se aplican técnicas para las articulaciones que aumentan la flexibilidad de los músculos y el resto de tejidos blandos. Son movimientos guiados por el terapeuta (el paciente sólo tiene que dejarse hacer) y que resultan rítmicos, relajantes y reconfortantes. En esta parte del tratamiento se aplican estiramientos y tracciones. Los primeros relajan las fibras musculares y estiran los ligamentos. Las segundas separan suavemente las superficies de contacto, aflojando las cápsulas articulares.
Los osteópatas pueden tratar con éxito una amplia variedad de problemas, no sólo aquellos que afectan de manera evidente al sistema muscoloesquelético. Al contrario de lo que parece, muchas enfermedades son el resultado final de alteraciones en la estructura del cuerpo que pueden ser corregidas por el tratamiento osteopático.
En España, por otra parte, los procesos médicos que propician más jornadas laborales perdidas son los trastornos musculoesqueléticos. Y los que ocasionan incapacidades de mayor duración, la depresión y la lumbalgia.
Las causas más habituales son las posturas inadecuadas, las manipulaciones de cargas, la realización de movimientos repetitivos y el uso de pantallas de visualización. Sin embargo, la ergonomía evita accidentes y lesiones, aumenta la eficiencia en el trabajo y mejora el confort.
Still definió en su obra titulada “Filosofía de la Osteopatía”, aparecida en 1904, la doctrina osteopática. Esta doctrina se compromete de tres principios:
Primer principio o Principio de Globalidad
El hombre es un todo, y querer tratar un síntoma sin mirar al hombre en su globalidad es algo que no tiene sentido. Desgraciadamente es lo que hace a menudo la Medicina Alopática.
La Osteopatía contempla al hombre globalmente, pues toda disfunción a cualquier nivel repercute obligatoriamente en todo el cuerpo. El síntoma o el síndrome por el que viene a consultarnos el paciente no es, habitualmente, más que la consecuencia de un problema situado en otra parte. Esto que puede parecer una evidencia es algo que a menudo se olvida y por eso hay que reconocerlo.
Esto evita también hacer un tratamiento sintomático y esta forma de pensar lleva a intentar lo que a menudo es más difícil pero más racional, un tratamiento etiológico. Es fácil dar una aspirina a un paciente al que le duele la cabeza; es más difícil, pero más interesante, saber que estamos delante de una verdadera migraña y todavía es más satisfactorio saber que esta migraña tiene por origen una disfunción a nivel occipital-atlas-axis o a nivel de una sutura del cráneo y poder tratarla realmente, y no sintomáticamente, haciendo tomar al paciente un medicamento cada vez que le duele la cabeza.
Segundo principio o Principio de Autocuración
El cuerpo tiene en él mismo la capacidad de autocuración. Esto debe ser comprendido de una forma relativa, evidentemente, ya que, en ciertos casos, hay que recurrir a la cirugía en otros tratamientos.
El osteópata, mirando globalmente al sujeto, hace una normalización general del cuerpo para poner en marcha todo el sistema de defensa del individuo.
Estamos sometidos, permanentemente, a todo tipo de agresiones y si nuestro sistema inmunitario, por ejemplo, no funciona bien, nuestra supervivencia se verá acortada. Cuando una infección se desarrolla es, ante todo, porque el sistema de defensa no ha funcionado bien. Como decía Claude Bernard: “El microbio no es nada, el terreno es todo.” Idea compartida por Pasteur al final de su vida. Es sobre esta constatación sobre la que se apoya el osteópata: normaliza el cuerpo para realzar el sistema inmunitario y llegar así a la infección. Esto nos lleva a un tercer principio, propio de la Osteopatía y fundamental para comprenderla.
Tercer principio. La Estructura Gobierna la Función y a la inversa
Antes que nada hay que saber que en la terminología osteopática el término “osteos” no debe ser entendido únicamente como hueso, sino como estructura, por ejemplo: el estómago, el ojo, el fémur, etc… y entenderlo en el sentido de “estructura viviente”, es decir, que se mueve, ya que lo que diferencia lo vivo de lo inerte es el movimiento.
En nuestros cuerpos todo se mueve continuamente, incluso a veces con movimientos ínfimos, y toda alteración en la función de un órgano se traduce por una perturbación del movimiento que le es propio (dicho sea de paso, esto es lo que permite hacer el diagnóstico osteopático), inversamente, cuando el movimiento es normal la función también es normal.
El trabajo del osteópata consiste en hacer el diagnóstico en el sentido clásico del término y en el sentido osteopático, para poder devolver a la estructura su movimiento y su función normal.
A quien le parezca simplista el hecho de poder mejorar la función de un órgano simplemente devolviéndole su movimiento, podemos responderle, sin entrar en detalles técnicos, que después de un siglo, millones de personas de todo el mundo han sido tratadas de esta manera, y que si el concepto osteopático no fuese válido, hace tiempo que hubiese sido abandonado y no se hubiese vuelto a hablar de la Osteopatía, justo lo contrario de lo que está ocurriendo.
Esta idea del movimiento nos lleva a hablar más específicamente de la Osteopatía Cráneo-Sacral o Funcional, obra de Sutherland en la que la importancia del movimiento es todavía mayor que en la Osteopatía Estructural.





